Un hartazgo fatal

por el Hermano Pablo.

Carmela Massari, de Parma, Italia, recorrió el supermercado recogiendo tarros y más tarros de comida. Allí había de todo, y ella comía de todo. Eso se podía ver en su figura y por su peso de 248 kilos.

En el estacionamiento del supermercado, Carmela empezó a abrir latas y a comer. Comió hasta que los ojos se le tornaron vidriosos y las manos rígidas. Murió allí mismo, de hemorragia interna masiva causada por el estallido del estómago. ¡Qué paradoja que en un mundo donde millones se mueren de hambre, Carmela muriera de hartazgo!

La historia de Carmela Massari plantea de nuevo un problema que es filosófico, psicológico, científico, teológico, médico y mecánico: ¿Cuánto peso es posible cargar antes de que se rompa lo que lo soporta?

Los constructores de aviones buscan aleaciones de metal que sean capaces de aguantar cada vez más resistencia. Los que construyen puentes investigan cómo aumentar la capacidad de las columnas y las vigas. La inquietud de los economistas es: ¿Hasta dónde puede aumentar la deuda de un país sin que éste se quiebre? La duda de los psicólogos es: ¿Hasta qué punto aguanta la psiquis del individuo sin que se trastorne?, y la de los médicos: ¿Cuánto colesterol puede haber en la sangre sin que sobrevenga un síncope cardíaco?

Surgen también otras preguntas como: ¿Cuánta droga puede soportar un drogadicto? ¿Cuánto alcohol un alcohólico? ¿Cuánta nicotina un fumador? ¿Cuánta gordura una persona obesa y cuánta hambre un famélico? En todos los casos el problema parece ser el mismo. ¿Hasta cuánta sobrecarga puede aguantar un objeto o cuerpo sin que se quiebre?

En el aspecto sentimental cabe también preguntarse: ¿Cuántos sufrimientos puede aguantar una esposa engañada o un marido burlado? ¿Cuánto desamor son capaces de tolerar los hijos antes de escaparse del hogar, y cuánto abandono los ancianos, antes de morir de pena? Es importante saber cuál es el punto máximo de resistencia en cada caso.

Y por fin el último interrogante: ¿Cuánto pecado en la raza humana puede aguantar Dios antes de enviar el segundo diluvio, el de fuego? ¿Habrá en eso también un límite? Arrepintámonos sincera y profundamente de nuestros pecados y recibamos de Cristo la sabiduría para reconocer nuestros puntos débiles. Él está más que dispuesto a socorrernos.

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