El precio del sacrificio

Venimos de una generación, que ha desarrollado una equivocada cultura de la economía, del ahorro, y de la inversión, somos apasionados por economizar, donde no debemos economizar, y gastamos sin medida, en aquello que debería ser sometido a un estricto análisis; generalmente buscamos lo más barato, pues la meta es pagar menos, aunque lo que adquiramos no sirva, y pronto estemos de nuevo en necesidad, queremos economizar pagando menos hoy, pero nunca determinando partidas de ahorro para mañana, estamos dispuesto a ir hasta cualquier lugar, con el único objetivo de economizar, sin tener en cuenta el tiempo invertido, o los demás efectos ajenos a lo económico que pueden afectarnos.

Lograr una rebaja, lo consideramos como un premio, de más valor, que el mismo producto que deseamos adquirir, es por esto, que compramos muchas veces lo que no necesitamos, con la única excusa de haberlo encontrado a muy buen precio, el sistema económico y comercial lo sabe, y por eso, pone en oferta lo que necesitan desechar, habiendo incrementado su precio antes, para hacernos sentir que nos hicieron un favor, al quedarse con nuestro dinero.

Con esta actitud, llegamos a Jesús,  e interpretamos Su Evangelio, desde ese pensamiento tan particular: El sacrificio de Jesús es bien recibido, porque lo hizo Él, mientras recalcamos que la Ley fue cumplida, resaltamos el alto precio pagado por nuestro pecado, porque no fuimos nosotros quienes lo pagamos., nos rendimos en adoración al Padre, por Su entrega al darnos Su Único Hijo, mientras le reclamamos la seguridad de los nuestros.   Para completar, nos escondemos en la Gracia, para reclamar las promesas que nos aseguran la comodidad, la salvación, y el absoluto respaldo del Cielo, en todos nuestros proyectos en la tierra. Pero te has preguntado, ¿cuál es tu cuota de participación, en todo este proceso para hacer de ti el hombre y la mujer que Dios ha determinado, y que era imposible lograrlo por tu condición de pecado?

¿Hasta qué punto, el sacrificio de Jesús fue para darte una posición de paz con Dios, y darte como herencia en la tierra, una comodidad que te haga un inútil en los propósitos del Cielo? Responder inadecuadamente a estas preguntas, ha convertido a la iglesia y a los cristianos, en gente sin influencia, y en la mayoría de los casos, parte del problema, y nunca parte de la solución.  Si queremos ser una generación de cambio, debemos invertir más de lo que han invertido, los que fueron absorbidos por la mediocridad.

Toda inversión se hace por algo, esperando obtener algo; si Dios invirtió a Su Único Hijo, si Jesús pagó el precio con Su Propia Vida, si el Espíritu Santo es el encargado de darle valor al sacrificio, ¿cómo participas tú en esta ecuación?  Todo se hizo por ti y por mí, es cierto que fue para darnos paz, perdón, y salvación, pero ¿qué espera Dios de aquellos en quienes ha invertido a Su Único Hijo?  Como hijos de Dios y parte de esta nueva generación, debemos tener claro el significado de la sangre, y el sacrificio de Jesús.

¿Qué estás dispuesto tú a sacrificar y a invertir, por Aquel que lo invirtió y sacrificó todo por ti?  El mismo que se entregó por nosotros, hoy necesita que nos entreguemos por Él, por Su causa, por Su visión, cualquier cosa que hagamos por Él, jamás se comparará a lo que Él  ha hecho por nosotros; esa es la razón por la que los discípulos y millones de personas fueron capaces de morir. Seguramente a nosotros no nos tocará morir por Él, pero al menos podemos vivir para Él.

¿Cómo negarle a Jesús nuestro tiempo, nuestro talento, nuestros recursos, nuestros sueños, cuando Él se ha negado así mismo por nosotros, y por nuestros hijos?

Jesús lo invirtió todo y hoy posee toda la Gloria; el nivel de tu inversión, determina tu nivel de Gloria.

 

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